Cortó la sequía con una excelente estrategia y un coche superior a los Mercedes. Russell llegó segundo y Norris subió al tercer lugar por el abandono de Antonelli. Ferrari y Hamilton no ganaban desde 2024.
Lewis Hamilton agarró una tijera y cortó varias rachas este domingo en Barcelona. La primera, su sequía personal desde el Gran Premio de Bélgica de 2024 —cuando heredó la victoria al ser descalificado su entonces compañero en Mercedes, George Russell, por no superar el pesaje—; la segunda, la sequía de Ferrari desde el triunfo de Carlos Sainz en México, también en la tempora 2024; y la tercera, la más importante para el resto de la Fórmula Uno, terminó con la serie triunfal del equipo Mercedes.
El Gran Premio de Barcelona-Catalunya dejó varios titulares, pero el más significativo fue la resurrección de Hamilton y la caída de los de Brackley. Para la escuadra de Toto Wolff es una dura derrota en todos los órdenes. Fueron superados por un golpe estratégico de Ferrari que cambió el libreto de la carrera; un coche —el SF26— que aplastó a su invatible W17; un Russell que nuevamente no pudo convertir la pole en victoria; y —la más dolorosa— el abandono del líder del campeonato, Kimi Antonelli, cuando restaban tres vueltas para el final.

Hamilton asomó como la amenaza de Mercedes en la Quali. Sin embargo, al principio, hubo desconcierto cuando Maranello apostó a que largara con neumáticos blandos. La escuadra alemana, más conservadora, se inclinó por la lógica y calzó a sus dos pilotos con medios. La salida fue prolija, no hubo incidentes. Salvo Isack Hadjar (Red Bull), que perdió varias posiciones por problemas de potencia en el arranque, no hubo cambios en el clasificador.
Russell abrió la brecha para escaparse de Hamilton pero no lograba la distancia suficiente. La difrencia no superaba los 2.5 segundos, poco margen teniendo en cuenta que el W17 se convertía en un mísil con aire limpio.
El golpe de escena llegaría antes de tiempo. En la vuelta 12, Hamilton fue llamado para cambiar por neumáticos duros. Ferrari adelantó la parada cuando se abrió la ventana de vida útil para las gomas blandas —entre 12 y 18 giros—. La estrategia apuntaba a largo plazo: visualizaban que Hamilton podría arrebatarle la victoria a Russell en las últimas vueltas. Mercedes, sorprendido, adelantó la detención.

El «efecto Hamilton» originó la primera oleada de pit stop. Pese a que la carrera cayó en un pozo, la atención se concentraba en los movimientos del siete veces campeón. El ritmo de la Ferrari era mayor que el Mercedes de su compatriota, abriendo un interrogante sobre qué pasaría en un eventual SafetyCar o un Virtual.
La incógnita comenzaba a develarse después de la segunda tanda de paradas. Hamilton, con neumáticos medios, comenzó a dominar los «cronos». Los Mercedes de Russell y Antonelli —primero y segundo respectivamente— no podían aumentar la diferencia. Para colmo, Russell, comenzó a sentir la presión del italiano que se colocó a un segundo y ensayó un ataque en plena recta.
El box de Mercedes descomprimió la situación llamando a sus dos pilotos por separado para la tanda de boxes. Esto permitió a Hamilton saltar al primer lugar. Mentalizado en romper la virtualidad del clasificador, comenzó estirar la diferencia para intentar «overcut» en la tercera parada —algo muy difícil en los papeles—.

La buena fortuna tocaría la puerta de Ferrari en la vuelta 40. Fernando Alonso (Aston Martin) se detuvo en la curva 9, por problemas con la batería, ocasionando un Virtual Safety Car. La neutralización encontró a Hamilton cerca del ingreso a los boxes. Los de Maranello no dudaron. Llamaron a Hamilton, que tenía «parada gratis», para cambiar a neumáticos duros y hacer valer la ventaja de 11 segundos. Cuando los Mercedes ingresaron a la recta, la Ferrari estaba en la salida de boxes. La suerte jugó otra vez para Hamilton, cuando salió del carril de los pit por delante de Russell y Antonelli, se levantó el «Virtual». De haberse reanudado la carrera unos segundos antes quedaba por detrás de los Mercedes.
Hamilton dominó el último tercio de la carrera con firmeza. Se desacopló rápidamente de sus perseguidores, tenía mejor ritmo, y el coche respondía a la perfección. Russell veía esfumarse otra victoria y su segunda posición estaba amenazada por Antonelli. El italiano recortó la diferencia hasta quedar en posición de ataque. En la vuelta 61, el líder del mundial, superó a su compañero por el interior del recta. Un giro más tarde el motor le jugaría una mala pasada. Una falla provocó su abandono, a tres vueltas del final, cortando una racha de seis podios consecutivos —cinco victorias y un segundo lugar—.

La caída de Antonelli permitió que Lando Norris (McLaren) subiera al podio. El campeón también terminó con una seguidilla de dos abandonos consecutivos por fallas en la unidad de potencia.
Por fin, Lewis Hamilton y Ferrari pudieron alinear sus planetas. El siete veces campeón dejó atrás cinco temporadas donde se hundió en un pozo muy profundo. Nunca se pudo adaptar a los coches con efecto suelo, el cambio reglamentario despertó su espíritu ganador. Además, el equipo no cometió errores y dieron con una estrategia que desarticuló los planes de Mercedes. Montmeló, el circuito que lo vio ganar en siete ocasiones —una más que Michael Schumacher—, fue testigo del resurgimiento de un Hamilton que ahora siente que tiene el coche para disputarle el campeonato a Kimi Antonelli. Como el «Ave Fénix», renació de sus cenizas.
