El británico se recompuso luego de un error al principio de la carrera. Las dificultades de rebase permitieron a Verstappen y Antonelli subir al podio contra todo pronóstico. Hamilton, quinto y penalizado, el gran derrotado.
La carrera deportiva de Lando Norris en la Fórmula Uno está atrevesada por el sufrimiento. Muy pocas veces tuvo una cómoda victoria —sobran los dedos de la mano—; y en otros momentos, las malas decisiones, tanto suyas como las de McLaren, le hicieron perder triunfos que tenía asegurado. Hungría no fue la excepción. Le demandó 40 vueltas para encontrar la paz en la soledad de la punta.
Media hora antes, en la salida, su compañero Oscar Piastri le «robó» el liderazgo que estaba construyendo desde los Libres 3. El británico partió bien, sin errores; incluso, tuvo la buena fortuna que Charles Leclerc (Ferrari) se retrasó en la salida y perdió el segundo lugar a manos del australiano. El revés del monegasco permitió a Max Verstappen (Red Bull) asentarse en la tercera posición para convertirse en un muro de contención para las Ferrari de Hamilton y Leclerc.

Todo apuntaba a un dominio absoluto de Norris. Pero un error en la curva 4, donde se fue ancho en la trazada, permitió a Piastri pasar a la delantera. En menos de un kilométro revivió el libreto de la última temporada: dominio «papaya» con un líder que no cuadraba con los deseos de Woking.
Desde la primera vuelta la carrera se convirtió en un enigma difícil de resolver. Cualquier estrategia, al menos para los equipos de punta, se desvanecieron con los golpes de escena. El Hungaroring, el circuito permanente de mayor dificultad de rebase, bautizado cariñosamente como «El Mónaco de los autódromos», es un dolor de cabeza para los estrategas.
Todo se focalizaría en las paradas en boxes para el juego del «undercut» o el «overcut». Lewis Hamilton (Ferrari) fue el primero en abrir la partida. No tenía opción. Necesitaba superar a Verstappen como sea para quedarse con la tercera posición. Tenía que aprovechar que Kimi Antonelli (Mercedes), que largó séptmo por una penalización en la Quali, estaba en sexto lugar. Era la gran oportunidad para recortar la distancia en el campeonato.

En la Fórmula Uno los planes no siempre salen bien. El «undercut» que ensayó Ferrari en la vuelta 14 fue anulado por el propio Verstappen dos giros más tarde. Si bien Hamilton salió por delante del holandés cuando éste ingresó en la 15, una vuelta después lo sorprendió con un rebase interno en la curva 1. Con un RB22 desconfigurado, que es inferior al SF26, puso en aprietos a Hamilton por el resto de la carrera.
Mientras tanto, Norris, que tenía mejor ritmo que Piastri, no encontraba la manera de acercarse a su compañero para recuperar la punta. La primera tanda de boxes dejó a los «papaya» en las mismas posiciones. Sin embargo, en la segunda oleada, el box de McLaren pergeñó un «overcut» para que el actual campeón quedara al frente. Hicieron entrar a Piastri en la vuelta 33 y extendieron la detención de Norris hasta la 40. En el medio, el asutraliano tuvo que lidiar con los rezagados y un golpe de Carlos Sainz (Williams) —lo encerró accidentalmente cuando intentaba rebasar a un Aston Martin—.

Los contratiempos permitieron a Norris ejecutar el «overcut» a la perfección. Una vez en la punta comenzó a estirar la ventaja para neutralizar a Piastri. Igual, poco podía hacer el oriundo de Melbourne. El golpe de Sainz y el castigo de la suspensión sobre los bordillos del lado derecho —donde más trabaja el neumático— dañaron la caja de cambios por lo que tuvo que abandonar en el giro 52.
El Virtual Safety Car para retirar el coche del australiano abrió una parada gratis para Norris y una jugada estratégica para Ferrari. Hamilton y Leclerc ingresaron para calzar neumáticos blandos para buscar el podio. Solo debían superar a Verstappen que tenía gomas blandas desgastadas y a Antonelli con duras —que relentizaban el ritmo de carrera—. Nuevamente, los planes no salieron. El Hungaroring hizo de las suyas. Hamilton no pudo con el líder del campeonato. Incluso, en un intento por alcanzarlo, derrapó en la curva 2. Para colmo, los comisarios, le aplicaron cinco segundos de penalización por «speeding» en el «pit line». Era la cereza del postre para el británico. Además, el Mercedes fue una pared que le impidió estirar el «gap» sobre Leclerc para no perder el cuarto lugar por la penalización.

Lando Norris se proclamó ganador en Hungría, su primera victoria en un Grand Premio como campeón de la Fórmula Uno —antes había triunfado en la Sprint de Miami—. Fue otra victoria personal que pasó a un segundo plano. Max Verstappen, con un coche roto aerodinámicamente, terminó segundo; y Kimi Antonelli logró un tercer puesto que parecía una utopía luego de la penalización en la Quali. Es la maldición de Norris: sufre para conseguir una victoria y los «flashes» se los llevan otros.
Pero el verdadero lamento es el de Lewis Hamilton. Fue el gran derrotado en la tarde del domingo en Mogyoród. “Definitivamente no creo que debiéramos haber parado [en el Virtual Safety Car]. La decisión llegó justo antes de entrar al pit lane y no tuve tiempo de pensarlo”, dijo a la prensa en el poscarrera. Son palabras injustas. Ferrari tomó las decisiones correctas —algo destacable en un equipo propenso a los yerros—. El rebase de Verstappen, la imposibilidad de superar a Antonelli y la penalización por «speeding», fue producto de su impotencia y no por errores del box. Esta noche soñará con los alerones traseros del Mercedes y el Red Bull.
