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Septiembre del 88

Septiembre del 88

La épica y la emoción comparten una fecha: 11 de septiembre de 1988. El día que Ferrari y los Tifosi rindieron el mayor tributo a Don Enzo.

 

“Es fiesta en Monza. En el box, Vittorio Ghidella, presidente de Ferrari, se deja llevar por todos los abrazos. Un éxito inesperado, ayudado con un poco de fortuna, pero de particular significado a un mes de la partida de Enzo Ferrari; justo en su pista favorita”. Marco Franzelli, entonces cronista de la RAI, narró este copete del informe sobre el Gran Premio de Italia para el programa “Domenica Sportiva”. No era una victoria más, era el emotivo 1-2 de Ferrari en el Templo de la Velocidad a tres días de cumplirse el primer mes de la muerte del Commendatore. El mejor homenaje que le rindió su amada Scuderia.

 

Fue un 11 de septiembre de 1988. McLaren arrasaba en el campeonato con el MP4/4 -motorizado por Honda– bajo el comando de sus pilotos estrellas: Alain Prost y Ayrton Senna. El brasileño se encaminaba a su primer título mundial mientras que el francés daba pelea por recuperar la corona que ostentó en 1985 y 1986.

 

Berger levanta el puño en señal de victoria en Monza, lo secunda Alboreto. (Archivo / Motorsport Images)
Berger levanta el puño en señal de victoria en Monza, lo secunda Alboreto. (Archivo / Motorsport Images)

 

La Ferrari F1-87/88 era un buen coche pero nada podía hacer ante los imbatibles McLaren. Hasta esa fecha, la escudería británica, había ganado los once Grandes Premios disputados previamente y Monza era la siguiente escala. Sin embargo, el viejo trazado de la región de Módena, guardaba una sorpresa.

 

La grilla de partida y las primeras vueltas hacían prever otro dominio de la dupla de McLaren. Senna, el poleman, picaba en punta y Prost, segundo en la clasificación, lo secundaba. Detrás de ellos se ubicaba el binomio de Maranello: Gerghar Berger -tercero- y Michele Alboreto -cuarto-. Todo indicaba que el homenaje de Ferrari a su fundador se reduciría a un tercer lugar en el podio.

 

Pero Monza es especial. Un teatro a cielo abierto que brinda funciones para las tardes de gala del automovilismo mundial. Como si fuera el Teatro Massimo de Palermo, el Ópera Garnier de Paris o el Teatro Colón de Buenos Aires; sobre su asfalto se exhibe un espectáculo fascinante: la ópera en idioma del automovilismo. Y en 1988 presentó su obra cumbre.

 

Schlesser se lleva por delante a Senna en Rettifilo a dos vueltas del final. (Archivo / Grand Prix Photo)
Schlesser se lleva por delante a Senna en Rettifilo a dos vueltas del final. (Archivo / Grand Prix Photo)

 

Primer acto: “El drama de Prost”. Se levanta el telón y las Ferrari se aproximan al francés. Lo curioso es que Berger y Alboreto están conservando combustible para el último tercio de carrera. El Autodromo Nazionale se conmueve, el McLaren está perdiendo ritmo. Será superado con facilidad por las máquinas rojas. En la vuelta 34, Prost ingresa a boxes; el motor dijo basta. Se baja el telón, fin del primer acto.

 

Segundo acto: “¡Oh, Schlesser!”. Se levanta el telón y la carrera está a dos giros de la bandera a cuadros. Senna domina a su antojo y se está asegurando un triunfo que lo deja a las puertas del título mundial. Sin embargo, debe superar al Williams del rezagado Jean-Louis Schlesser -quién reemplaza a Nigel Mansell afectado por varicela-. En el ingreso a la Variante Rettifilo, el francés, se pasa en la frenada. El brasileño realiza bien el radio de la chicana pero Schlesser se lo lleva por delante. “Senna retorna a pie al box, el mundial para él queda pospuesto. El entusiasmo por Ferrari: primero Berger, luego Alboreto. Tercer lugar para Cheever”, narró Franzelli. Acompañó su relato la “Marcha de los soldados suizos”, parte final de la Obertura de Guillermo Tell -popularizado por la serie “El Llanero Solitario”-; una excelente pieza musical para darle el tono épico a la hazaña. Se baja el telón, fin del segundo acto.

 

Acto Final: “Oda a Don Enzo”. Se levanta el telón y los Tifosi invaden la pista. Un mar de banderas de Ferrari inundan la recta principal. El corazón amarillo con la imagen del Cavallino Rampante se depliega. Berger y Alboreto son ovacionados. Eddie Cheever, tercero con el humilde Arrows, es un espectador de lujo. Fue la mayor ofrenda para Il Drake, una autentica misa pagana; única e irrepetible. “No importa si en el próximo Gran Premio retorna McLaren al podio. Por ahora, disfrutemos de Monza”, cerró su nota Franzelli. Se baja el telón, final de la obra.

 

Berger con el trofeo en alto, Alboreto y Cheever completan la escena. (Archivo / Motorsport Images)
Berger con el trofeo en alto, Alboreto y Cheever completan la escena. (Archivo / Motorsport Images)

 

Por esas casualidades del calendario, este domingo 11 de septiembre, la Fórmula Uno correrá en el Autodromo Nazionale di Monza. Hay algunas similitudes entre aquellos días de 1988 y este presente. Ferrari tiene un buen auto pero hay una máquina superior como aquel McLaren MP4/4: el Red Bull RB18 de Max Verstappen.

 

En la última emisión de Fanát1cos, mis compañeras, Mariana Silva y Yanina Ayala, pronosticaron una victoria del Cavallino. ¿Por qué no soñar? Si Monza siempre depara sorpresas. Y como aquel Septiembre del 88, en una de esas, Don Enzo, vuelve a dar una mano desde el cielo.