Es la cuarta victoria consecutiva que lo consolida en la cima del campeonato. Russell abandonó por fallas en la UP en plena batalla con el italiano.
Kimi Antonelli se graduó de líder del campeonato. Si existiera una metodología de formación para un potencial campeón, el “ragazzo” aprobó con creces la materia sobre consololidarse en la punta. No existen manuales ni cátedras que puedan moldear el liderazgo de un piloto de Fórmula Uno. Se logra a base de aprendizaje en su etapa formativa, la madurez como deportistas, y -lo más importante- el talento puro. Antonelli triunfó en Montreal como si fuera un experimentado con diez temporadas sobre su espalda; cuando solamente lleva dos. Hizo lo que ejecutaban a la perfección Fernando Alonso, Lewis Hamilton y Max Verstappen: ahogar a su némesis, jugar pisológicamente con él, presionarlo, y forzarlo al error.
George Russell experimentó las cuatro etapas. Su compañero de equipo y escolta en el campeonato sufrió el asedio del italiano hasta el límite. El circuito “Gilles Villeneuve” fue el escenario de una demolición psicológica desde que se apagó el semáforo en el segundo intento de partida. La primera largada del Gran Premio de Canadá quedó truncada porque el Racing Bulls de Arvid Lindblad se plantó en el procedimiento de salida. Los corredores tuvieron que hacer dos vueltas más de formación para levantar el telón en la isla de Notre-Dame.
Por primera vez en el año, Antonelli largó sin cometer errores. Se lanzó a ganar el exterior obligando a Russell a cubrirse. La maniobra evasiva hizo que el británico descudiara su flanco izquierdo, lo que permitió a Lando Norris (McLaren) tirarse por el exterior y saltar a la primera posición en la curva 1. Al mismo tiempo, Antonelli ganaba la cuerda y le arrebató el segundo lugar a Russell. El británico, que voló el sábado para ganar la pole, caía a la tercera posición; soprendido por Norris y humillado por Antonelli.
Aquí comienza una carrera distinta. El duelo no eran los Mercedes contra Lando Norris que les robó la billetera. Eran entre los mismo pilotos de Brackley. El honor, la gloria y el liderzago del box estaban en juego. Norris era solo un actor secundario que tenía límitada su estadía en la punta. El campeón largó con neumáticos intermedios que no sobrevivirían en una pista que a penas tenía una capa de humedad. McLaren se confió en el suelo y en una lluvia que nunca caería sobre Montreal, tanto Norris como Piastri pagarían caro el error estrátegico.
Cuando Norris ingresó a boxes en la tercera vuelta, el terreno quedó libre para la batalla entre los Mercedes. Fueron 27 giros donde Antonelli y Russell plantaron lucha por el liderazgo de la carrera. El italiano, que había perdido la punta en el sexto giro tras bloquear en la última chicana, presionaba son piedad a un Russell que se defendía a base de experiencia y su conocimiento de los secretos del circuito canadiense -donde logró las tres últimas poles y la victoria el año pasado-.
A partir de la vuelta 12, el asedio se volvió en una presión asfixiante. Antonelli recuperaba la punta pero el británico era quien mantenía la cuerda. Era un juego de alternancia que elevaba las pulsaciones del público y en el box de Mercedes. El piloto de 19 años no cedía, presionaba a su experimentado compañero, lo ahogaba, no le daba un margen de tregua.
Russell resistía con firmeza, pero la defensa tendría un costo altísimo. En la vuelta 30, con Antonelli prácticamente encima suyo, se pasó de largo en la curva 8 y su Mercedes se detuvo. Una falla del sistema eléctrico de la Unidad de Potencia -según informó Toto Wolff- quebró el corazón de un Russell que vio esfumarse la oportunidad de vencer a su compañero después de cuatro carreras. Antonelli presionó a su compañero al límite que le hizo reventar el motor; algo pocas veces visto en la Fórmula Uno.
Con la pista libre y Russell fuera de combate, el “Ragazzo” giró en soledad el resto de la prueba. Max Verstappen (Red Bull), en segunda posición, no representaba una amenaza. Los McLaren quedaron eliminados de la pelea por error estrátegico, y sus hombres padecían las de caín: Norris abandonó por problemas de potencia y Piastri sufrió una penalización de 10 segundos por llevarse por delante a Alex Albon (Williams) en la horquilla.
Eran dos carreras distintas. Por un lado, Antonelli navegando en solitario hacia su cuarta victoria al hilo y 43 puntos de ventaja en el campeonato sobre Russell. Por otro, el resto de los corredores que debían sobrevivir en uno de los grandes premios de Canadá más duros de los últimos años. Seis pilotos cayeron antes de la bandera a cuadros: a Arvid Lindblad (Racing Bulls) se le plantó el coche en la parrilla y no pudo largar, a Fernando Alonso (Aston Martin) se le desajustó el asiento y tuvo que ser retirado por seguridad, Albon abandonó tras ser chocado por Piastri, a Russell le falló la UP en plena lucha con Antonelli, Norris se quedó sin potencia, y a Sergio Pérez (Cadillac) se le zafó la suspensión delantera derecha. Fue una carrera de demolición.
La caída de Russell y los McLaren favorecieron a Alpine y Williams. Franco Colapinto terminó en sexta posición -su mejor resultado en F1- y Pierre Galy, en un difícil fin de semana- pudo trepar al octavo lugar. Enstone logró diez puntos que hasta el jueves eran solo una expresion de deseo. Mientras que Williams alcanzó la novena posición con Carlos Sainz, quien llevó dos puntos más para Grove. De los nueve que cosechó la escudería británica, ocho fueron aportados por el español.
La carrera del resto se coronó, sobre el final, con un emotivo duelo entre Verstappen y Hamilton por la segunda posición. El holandés resistió hasta donde pudo el ataque de su viejo rival de mil batallas. El británico le ganó la posición. Max, lejos de resignarse, se quedó pegado a la Ferrari. No lo atacó, solo se aseguró un lugar en el podio al que no accedía desde su última victoria en Abu Dhabi.
La lucha entre Versrappen y Hamilton representó un símbolo de la trasición que vive la Fórmula Uno con Kimi Antonelli. Los viejos adversarios, en el poscarrera, rodearon al nuevo talento que comienza a mover los cimientos de la Máxima Categoría. La foto del podio, donde levantan en andas a Kimi, representa el pase del testigo a quién está llamado a seguir sus pasos. Lewis y Max se ven reflejado en este jovencito de 19 años, quien -hasta hace poco tiempo- estaba finalizando la secundaria. Como ellos, recaló en la Fórmula Uno envuelto en una fuerte espectativa, la de protagonizar una nueva era: la era de Kimi Antonelli.
