El italiano logró su cuarta pole del año y es el favorito para el domingo. Verstappen y Hamilton completaron el Top 3. Leclerc chocó en Tabac en su último intento por batir al Mercedes.
Y el teatro de los sueños subió el telón en Mónaco. El protagonista es un muchachito de 19 años que este sábado se graduó de «poleman» —a pesar de ser la cuarta del año— en uno de los escenarios más exigentes de la Fórmula Uno. Kimi Antonelli (Mercedes), desde la segunda fecha en China, dejó de ser una promesa para ser una realidad. Un fenómeno que debe ser estudiado a partir de la hipótesis de cómo el aprendizaje y la madurez se fusionan en un deportista que no alcanzó todavía las dos décadas de vida, transitando —apenas— el segundo año en la élite del automovilismo mundial.
Antonelli se dió el lujo de batir al idestructible Max Verstappen (Red Bull) —otro objeto de estudio sobre caída y resurrección—. Pero no nos detengamos en las circusntancias, sino en dónde. Mónaco es el mayor desafío para un piloto. El callejero —que se mantiene casi inalterable desde su nacimiento en 1929— exije la máxima concentración y precisión en la trazada. Pregúntele al pobre de Charles Leclerc (Ferrari). El monegasco, que sufrió con sus frenos en Q3 al punto que sacrificó cuatro minutos en boxes, sintió -una vez más- el rigor de los guard rail. Tuvo la oportunidad de vencer al italiano. Fue el último en abrir el «crono» —y con el antecedente de su único stint que lo catapultó momentáneamente a la punta— se jugó a todo o nada. Sin embargo, cada vez que la presión está sobre sus hombros, comete un error que lo deja con las manos vacías.

A Leclerc se le fue el coche de atrás en «Tabac», golpeando la rueda trasera derecha contra las defensas. Una vez más, el sufrido Charles, vio escapar la gloria. Para colmo en casa.
La caída de Leclerc fue la elevación a los altares de Antonelli. Cada éxito —en clasificación o carrera— representa una oleada más de aficionados a la F1 que se inclinan ante su carisma. De grandes y chicos hipnotizados con sus hazañas. De madres que se encariñan con él al verlo tan jovencito y con rostro de niño.
Su consolidación está rodeado de simbolismos. Si hace dos semanas era muy fuerte la fotografía del podio de Canadá rodeado por Max Verstappen y Lewis Hamilton; la de este sábado en parque cerrado ratifica el cambio generacional. Detrás de Kimi quedaron Max (P2) y Lewis (P3). Juntos suman once títulos mundiales y dominaron la categoría por más de una década —con algunas interrupciones—. Tanto el holandés como el británico fueron por la pole, el de Red Bull el que estuvo más cerca de conquistarla. El italiano les ganó la partida.

La lucha solo fue entre ellos. No había lugar para un cuarto protagonista. Charles Leclerc (P10) tuvo problemas de fiabilidad en las tres sesiones; los McLaren de Oscar Piastri (P7) y Lando Norris (P8) parecían recuperarse luego de los libres, pero cayeron en Q3; y George Russell (P6) pasó de ser el único retador a la corona a luchar contra sus fantasmas.
El Gran Premio de Mónaco es la única prueba que se desarrolla entre sábado y domingo. La primera mitad se corre en la clasificación, la otra en la carrera propiamente dicha. Quién logra la pole tiene media victoria en el bolsillo, una ventaja que ofrece la dificultad de rebase en el principado. Aquí es donde no tiene que confiarse Antonelli. Además de exigente, el viejo callejero es un circuito que se hace respetar. Todos los que se atrevieron a desafiarlo terminaron contra los guard rail. Incluso su máximo monarca: Ayrton Senna en 1988.
