Logró su quinta victoria consecutiva y se escapa en el campeonato. Hamilton, segundo, es el nuevo escolta del italiano. Hadjar completó el podio.
Ya no alcanzan las palabras para describir la revolución de Kimi Antonelli. El mundo está maravillado con este chico que puso patas para arriba a la Fórmula Uno. Este domingo fue el turno de Mónaco, la gema codiciada por los amantes del automovilismo. La joya de la «Máxima Categoría» se rindió a los pies del piloto de Mercedes que firmó su victoria más contundente.
Se dirá que las calles del principado es una quimera para el rebase. También, se podrá argumentar que aquel que hace la pole —como fue el caso de Antonelli— tiene la mitad del triunfo en el bolsillo. De Mónaco se pueden hacer miles de objeciones, pero hay que correr en el callejero. El viejo trazado del «Peñón», que apenas sufrió un puñado de modificaciones en sus 97 años de existencia, es el mayor reto para un corredor. Un circuito que exige la máxima concentración y una precisión milimétrica en la trazada. El mínimo error se cobra con los míticos guard rail que bordean la pista.

El italiano solo debía sortear un obstáculo: Max Verstappen (Red Bull). Desde la segunda posición, el holandés, tenía la gran oportunidad de alzarse con una victoria que —posiblemente— no pesque en el resto del año. Antonelli lo sabía y el mundo contuvo el aliento en la partida. Pero los coches son fierros, sufren tanto como los seres humanos. Al momento de apagarse el semáforo, el Red Bull se quedó parado. Una falla en el turbo terminó con los sueños de Verstappen y comenzaba la mágica historia de Kimi.
Con Verstappen fuera de carrera, el italiano se despegó fácilmente de las Ferrari de Lewis Hamilton y Charles Leclerc. El Mercedes pulverizó la fama que construyeron los SF-26 a lo largo de la temporada. El equipo de Maranello creía que en Mónaco, el reino de las curvas lentas, aplastarían a los W17 con su poder de tracción en los sectores trabados. Nada de eso ocurrió. Antonelli se hizo un festín. El líder del campeonato llegó a tener una ventaja de más de 40 segundos con respecto a sus perseguidores —la mayor diferencia que logró en una carrera—.
Sin las Ferrari en los retrovisores, Antonelli giró en soledad. Era un navegante solitario en las calles de Mónaco, un «Vito Dumas» en el asfalto.

Los abandonos y las penalizaciones eran lo único que alteraban el clasificador. La fiabilidad de los coches de la «Nueva Era» sucumbieron en la prueba más lenta del calendario. A Verstappen le siguieron Valtteri Bottas (Cadillac, recalentamiento), Oliver Bearman (Haas, problemas de frenos) y Lando Norris (McLaren, potencia).
La parsimonia monegasca seguía su curso. Ni siquiera despertaban emoción los pit stop; salvo para aquellas escuderías que podían hacer juego de equipo. Fue el caso de Williams que repitió la estrategia del año pasado. Alex Albon, en la décima posición, ingresó a boxes mientras Carlos Sainz hacía de tapón para contener a Arvid Lindblad (Racing Bulls), Nico Hülkenberg (Audi), Esteban Ocon (Haas) y Franco Colapinto (Alpine). Luego fue el turno del español, quien superó a su compañero para abrir la ventana que permitiera su parada. Una desinteligencia entre el equipo y Albon —que preguntaba por qué hacían esta estrategia— terminó en una distracción del tailandés que perdió la posición con Lindblad. Sin embargo, en el box de Grove estaban tranquilos porque el británico tenía que detenerse. Además, el abandono de Norris posicionaban a los Williams en P9 y P10.
Pero nunca hay que dar nada por seguro en la Fórmula Uno. Y menos en Mónaco. El trazado es una invitación para el SafetyCar. Cuando la carrera se encaminaba en las últimas dieciocho vueltas, Lance Stroll (Aston Martin) hizo un recto en la salida de la «Rascasse» incrustándose en las barreras. El coche de seguridad permitió a Lindblad entrar a boxes y quedar por delante de los Williams. El de Racing Bulls no fue el único beneficiado. Hamilton y Leclerc ingresaron a boxes para calzar neumáticos blandos y salir a la caza de Antonelli para el relanzamiento. Mercedes, atento a la jugada, también llamó al puntero para blindar su victoria con un juego de blandos nuevos.

La reanudación derivó en otro incidente que forzó a «Dirección de Carrera» a declarar la bandera roja. Charles Leclerc también se paso de largo en la «Rascasse» —en el mismo lugar que Stroll— y terminó contra las barreras. Ambos choques se debieron al desprendimiento del asfalto. Durante media hora, los auxiliares de pista tuvieron que ingeneárselas como sea para emparchar el piso. Restaban 10 vueltas.
A esa altura ya era complicado armar el clasificador. Una catarata de penalizaciones, todos por exceder los límites del pit line, dejaba un interrogante para determinar las posiciones finales. Lewis Hamilton, Oscar Piastri, Pierre Gasly, George Russell y Franco Colapinto sufrieron la mano dura de los comisarios. Hamilton y Piastri cumplieron la pena de cinco segundos antes de caer la neutralización. El resto tendría que abrir una brecha para que el recargo no les hiciera perder posciones tras la bandera a cuadros.
La peor parte la llevó Russell. Mercedes lo hizo entrar a boxes junto con Antonelli. Increíblemente, luego de la detención del italiano, los mecánicos le cambiaron las cubiertas al británico sin esperar los cinco segundos. El error, considerado como no cumplimiento de la penalización, fue castigado con un «Drive-Through».
Se esperaba para el relanzamiento, que sería en la parrilla, una lucha a todo o nada entre Antonelli y Hamilton. Solo fue una expresión de deseo. El líder del campeonato volvió a dejar atrás a la Ferrari y se encaminó a la victoria.

Mientras tanto, en la horquilla de «Loews», una hacatombe terminaría con el abandono de Sainz. Hülkenberg se tiró por el interno para superar a Ocon y se llevó puesto al español que estaba sumando un punto. El Williams sufrió la rotura de la dirección. Y como si fuera poco, en la salida de «Portier», fue envestido de atrás por Colapinto.
Si era un caos el medio pelotón, el podio fue una comedia de enredos. Antonelli y Hamilton tenían sus escalones asegurados. El tercero pudo ser de Gasly, pero arrastraba dos penalizaciones de cinco segundos que lo privaron del podio. El último peldaño lo heredó Iscack Hadjar (Red Bull). Sufrió toda la carrera con la falta de potencia y problemas con la primera marcha. Pero estuvo a nada de quedar excluído por una investigación por cambio de «setup» durante la bandera roja —algo que está prohibido por reglamento—. Hubo que esperar dos horas para que los comisarios archivaran la investigación y ratificaran el tercer lugar.
Todos estos contratiempos no opacaron la quinta victoria consecutiva de Kimi Antonelli. Ahora tiene 66 puntos de ventaja sobre su nuevo escolta: Lewis Hamilton. La racha ganadora no se detiene. La próxima estación es Barcelona, dentro de siete días. Una injusticia el poco tiempo para que disfrute uno de los mayores éxitos de su corta carrera deportiva. Cumplió el sueño que aspira todo piloto de Fórmula Uno: ser príncipe de Mónaco por un día.
