Como en 1985, un McLaren ganó la última edición en los Países Bajos. Norris recuperó la punta luego de perderla a manos de Antonelli. Russell completó el podio sufriendo hasta el final. Fuerte accidente de Verstappen al inicio de la carrera.
Esta crónica violará todas las normas del periodismo. Tendría que comenzar destacando la excelente victoria del actual campeón, Lando Norris (McLaren), quien se recuperó del despojo de Kimi Antonelli (Mercedes) en la segunda partida. Pero no será así. Los que amamos el automovilismo —y la Fórmula Uno en particular— se nos hace un nudo en la garganta al tomar conciencia que será la última vez que hablemos de Zandvoort; al menos por mucho tiempo.
El legenadario trazado, pegado a la playa, nunca perdió su mística; ni siquiera con la remodelación de principios de este siglo. Su actual versión con peraltes, combinado con sus celebres elevaciones, le otorgó un nuevo rostro. Siempre mantuvo sus condimentos que supieron conocer Juan Manuel Fangio, Jim Clark , Jackie Stewart y René Arnoux, por nombrar algunos de sus ganadores. La pista rodeada por un césped reseco por el sol del verano, donde el verde entabla una eterna batalla con el amarillo; la capa de arena sobre el asfalto, producto de la brisa del mar que las arrastra desde la playa; el sube y baja que da la sensación de estar en una montaña rusa en vez de un autódromo. Es el circuito donde mejor se disfruta de las cámaras on board. Todo ese combo, apreciado por pilotos y aficionados durante seis temporadas, ya no será parte del campeonato mundial.

Lando Norris se proclamó su último vencedor. Como lo hiciera Niki Lauda en 1985, un McLaren cruzó la meta para cerrar una etapa del Gran Premio de los Países Bajos. El británico se impuso por segunda vez consecutiva en la temporada. Se fue al receso estival ganando en Hungría y regresó a la actividad con otra victoria. Pero, como es habitual en Norris, todo fue cuesta arriba.
Una hora antes de la partida la lluvia sorprendió a Zandvoort. La preocupación dominó en los boxes. El aguacero, de por sí fuerte, alteró la carrera antes de que se apagaran los semáforos. Si bien se debilitó cuando restabba media hora, y la pista se secaba rápidamente, al momento de la largada había sectores húmedos. Los equipos optaron por neumáticos de piso seco y rogaban que sus pilotos no se confiaran del suelo.
La primera vuelta tuvo la emoción del derrape de George Russell (Mercedes) en la salida. Antonelli, tercero, aprovechó para birlarle la segunda posición. Sin embargo, la espectacularidad —en versión dramática— fue al cierre del primer giro. Max Verstappen perdió el control del Red Bull en la zona baja del peralte de «Arie Luyendyk» (la última curva), estrellándose contra las barreras exteriores del ingreso a la recta. El coche rebotó para terminar a la altura de los cajones de la penúltima fila de la parrilla. A diferencia de otros circuitos del calendario, en Zandvoort se adoptó las barreras «SAFER» en vez de las «Tecpro». Es el mismo sistema utilizado en Indianápolis, permitiendo el rebote de los coches al hacer contacto con la pared —con las «TecPro» terminan incrustados—. Verstappen resultó ileso, pero su corazón destrozado al truncarse la última actuación en casa.

Al mismo tiempo que se estrellaba el holandés, Gabriel Brotoleto (Audi) también perdió el control en «Luyendyk». Fue igual al Verstappen, con la diferencia que hizo un trompo de 360 grados y pudo continuar. El humo por el bloqueo de los neumáticos impidió la visión de Alex Albon (Williams) y Nico Hülkenberg (Audi). La buena fortuna evitó que colisionaran con Bortoleto. El susto mayor fue para su propio compañero. Al disiparse el humo, Hülkenberg, se encontró con el Audi cruzado y pudo esquivarlo.
La carrera se neutralizó con bandera roja para sacar el coche de Verstappen. En el relanzamiento «Standing Start» —nombre técnico para la salida desde la parrilla— comenzaría una nueva historia. Antonelli, desde la segunda posición, acomodó el Mercedes apuntando hacia el centro. Decidido a ganarle la cuerda a Norris, calentó los frenos al máximos. Al apagarse el semáforo se colocó a la par, le ganó el interior en «Tarzán» (curva 1) y pasó a liderar la carrera.
McLaren tuvo que reformular toda la estrategia para que Norris volviera a la punta. El británico tenía que hacer lo mismo que Antonelli, no lo contrario como reza el manual. Para Woking era la única opción; dio resultado. Ambos ingresaron en la vuelta 22 a boxes para calzar neumáticos duros. Luego del pit stop cambiaron la táctica «papaya». Cuando el italiano entró nuevamente por otro set de duros en la 41, McLaren estiró la detención de Norris hasta el giro 48.

La segunda parada fue el punto de inflexión. Norris comenzó a descontar la diferencia con Antonelli. El McLaren tenía mejor ritmo con gomas duras y el coche más liviano al tener menos combustible. Esta combinación favorece al MCL40. En cambio, el Mercedes, sufría con las ruedas traseras. Antonelli restistió hasta donde pudo. Intentó superar a la Ferrari de Lewis Hamilton —líder provisorio— pero no tenía margen de maniobra. Norris le ganó el exterior en «Tarzán» y luego rebasó a Hamilton entre las curvas 4 y 5. El campeón regresaba a la punta.
Para Mercedes el objetivo ya no era ganar, había que asegurar el podio del Antonelli. Un «Virtual Safety Car», para retirar el Haas de Esteban Ocon, habilitó una parada gratis para Lewis Hamilton y Charles Leclerc que pasaron a blandos. El box de Brackley, atentos a las Ferrari, llamaron al italiano para que también calzara blandos.
Con el relanzamiento, Antonelli tenía que ir a la caza de Russell que saltó a la segunda posición. El británico intentó disuadir al muro para que no bajaran órdenes de equipo. No surtió efecto. El box ordenó el intercambio de posiciones. Antonelli pudo asegurarse el segundo lugar y dejó a Russell en la mira de Hamilton. Con gomas degradadas, casi muertas, Russell tuvo que resistir los ataques de su ex compañero. Fue una lucha desigual, pero las dificultades de rebase jugaron a favor de George. Todos los intentos de Hamilton fracasaron. Un bloqueo, en la bajada que conecta las curvas 4 y 5, le hizo perder algunas décimas que permitieron a Russell acariciar el tercer escalón del podio

Zandvoort se despidió fiel a su historia; no podía ser menos. La bandera a cuadros consagró una brillante victoria de Norris; el segundo lugar para un Antonelli que ya goza del maquivelismo propio de un líder del campeonto; y el tercer puesto para el sufrido Russell que sobrevivió a Hamilton.
Con el baño de champagne en el podio, culminó la segunda era de Zandvoort en la Fórmula Uno. La nostalgia se apoderó del atardecer. Los recuerdos comenzaron a aflorar en cada rincón del viejo circuito. Las seis ediciones que se realizaron estuvieron a la altura de la «Máxima Categoría». Se extrañarán las gradas teñidas de naranja; el aluvión de aficionados que llegaban en tren desde Amsterdam; la impredecible lluvia; la postal con la playa a solo 600 metros del autódromo; los coches encarando los peraltes al estilo «Indy»; la simpatía que despierta el nombre de la primera curva: «Tarzán». Pasaron 36 años entre la bandera a cuadros a Niki Lauda y la estela de vengalas color naranja al paso de Max Vesrtappen. Qué el reencuentro sea pronto y no otros 36. Gracias Zandvoort; ya se te extraña.
